San Miguel de Allende

San Miguel de Allende es sin duda uno de los pueblos mas frecuentados por turistas que buscan escapar de la ciudad por unos días y no se necesita mas que detenerse unos minutos en el mirador al llegar para entender porque. San Miguel es como un hermoso atardecer congelado en el tiempo, permitiendo al visitante ver lo que vieron nuestros antepasados y entender cual era el ambiente que un día les motivó a luchar por nuestra independencia.

 

Vista de la Parroquia de San Miguel Arcángel desde el Jardin Allende.
Vista de la Parroquia de San Miguel Arcángel desde el Jardin Allende.

Al llegar uno es guiado naturalmente hacia el Jardín Allende, plaza donde se encuentra la Parroquia de San Miguel Arcángel, pues es difícil pasar por alto la magnifica edificación rosada que preside el poblado. Se dice que Don Zeferino Gutierrez, un maestro cantero local, vio una foto de la Sagrada Familia de Gaudí y quedo encantado, por lo cual se decidió a construir su versión. Aunque en dimensiones mucho menores, no por eso es el resultado menos majestuoso y digno de admiración.

Al salir de la parroquia por las escaleras laterales nos encontramos frente a la casa donde creció el héroe nacional Ignacio Allende. Actualmente se encuentra aquí el Museo Histórico de San Miguel Allende donde uno puede apreciar como se vivía en la época colonial, pues se conservan varias habitaciones tal cual se hubieran visto en aquella época, así como aprender un poco mas sobre la historia de la independencia mexicana.

No muy lejos de ahí, sobre la calle Dr Hernández Macias, se encuentra el Centro Cultural Ignacio Ramírez Nigromante, hogar a uno de los tesoros mejor guardados de San Miguel: un mural inconcluso de David Alfaro Siqueiros. Por mas de medio siglo éste proyecto ha permanecido en las paredes del viejo convento como una ventana dentro de la mecánica mental del talentoso muralista mexicano; a través de los trazos que tatúan las paredes uno puede apreciar claramente el mecanismo de planeación y técnica necesario para crear las obras maestras que han llevado el nombre de Siqueiros a la posteridad.

Vista de calle en San Miguel Allende.
Vista de calle en San Miguel Allende al atardecer.

Después de visitar la obra de Siqueiros uno puede terminar de procesar la experiencia mientras camina a lo largo de la calle Mesones, dejándose envolver por la arquitectura colonial y quizá aventurándose dentro de las boutiques que se albergan dentro de ellas. Después de tres cuadras se encontrara uno en la Plaza de la Soledad, aquí la estatua de Ignacio Allende supervisa las actividades que día a día se llevan acabo: su mirada observa a la viuda que entra a la Capilla de la Santa Casa de Loreto, una vez que la pierde de vista contempla unos segundos a la pordiosera en el pórtico del Templo del Oratorio de San Felipe Neri para luego seguir el incansable correr de los niños tras las burbujas que flotan sin rumbo por la plaza hasta perderse en el cielo.

A espaldas de las casas religiosas de esta plaza el paisaje urbano cambia radicalmente pues nos encontramos con el colorido bullicio del mercado artesanal. La fiesta de colores se desenvuelve a lo largo de angostos pasillos que susurran de la vida cotidiana del pueblo mexicano; se escuchan las narraciones de los pueblos precolombinos; los juguetes nos recuerdan las risas ingenuas de niños escabulléndose entre los maizales; las prendas bordadas a mano nos invitan a perdernos en los brazos maternales de esta tierra; las artesanías de latón y lamina reflejan los rayos de sol para no pasar desapercibidas en el fandango y, finalmente, no hay quien pase por alto los chapulines salados que pacientemente nos tientan a que los probemos para calmar el hambre que sin duda nos empieza a acechar.

Al llegar al final del mercado uno se encontrara sobre Hidalgo y es hora para recargar al cuerpo con un poco de energía. A no mas de dos cuadras se encuentra Josephine’s, un curioso establecimiento de bebidas que llama la atención, no solo por su forma triangular, si no también por su fachada vivamente decorada con arte callejero. Dependiendo de la hora puede que una bebida no sea suficiente, en dado caso puede uno dirigirse a Vía Orgánica, un pequeño restaurante que le proporcionara una saludable y rica comida local antes de continuar con su recorrido.

Churrería San Agustin
Churrería San Agustin

Una vez recargadas las pilas puede uno empezar su regreso hacia el centro del pueblo, ya sea perdiéndose una vez mas entre las artesanías locales o disfrutando nuevamente de los tonos de otoñales que tapizan los muros. Independientemente del camino elegido llegaremos otra vez a Mesones y seguiremos nuestros pasos de antes hasta que nuestra mirada repare en la antigua dispensadora de gasolina que, inmutable al pasar del tiempo, observa el paso de la gente y que vanidosa presume en las fotos el abrigo de oxido que los años le han brindado. Aquí daremos vuelta sobre Juárez, al final de la cual nos recibirá el Templo de San Francisco que por mas de doscientos años se ha ocupado en observar el vaivén diario de la gente. sirviendo así como el mejor testigo del deleite que locales y visitantes por igual encuentran al cruzar la calle y encontrarse con los tradicionales churros y chocolates calientes de San Agustín.

Marioneta de Payaso en el Museo del Juguete Popular Mexicano
Marioneta de Payaso en el Museo del Juguete Popular Mexicano

Para bajar la panza después de unos buenos churros puede uno aceptar el reto de San Francisco y dirigirse cuesta arriba para visitar el Museo del Juguete Popular Mexicano, museo que ilustra al visitante sobre los juguetes con los que muchos de nosotros nos criamos, aunque no mucho mas de lo que habrá ya visto en el mercado de artesanías. Por otro lado, para el que es mas gustoso de interactuar con la naturaleza puede uno continuar el acenso mas aun por la calle contigua de Santo Domingo hasta vislumbrar un pequeño letrero que anuncia El Jardín. Habrá que cruzar unos puentecillos y perderse en las callejuelas empedradas hasta llegar al numero 42. Al cruzar umbral se pierde uno en un laberinto de orquídeas que seducen con sus suntuosos perfumes y llamativos colores.

Habiendo ya agasajado durante el día a la mente y al espíritu, llega el momento de nutrir bien el cuerpo y recuperar todas las calorías perdidas. Con ese fin puede uno dirigirse a cualquiera de los establecimientos que inundan el centro de la ciudad entre los cuales cabe mencionar Mamma Mia, Pueblo Viejo, Pescau, El Diezmo y Hecho en México.

Para cerrar con broche de oro hay que regresar a donde empezamos para ver la Parroquia de San Miguel Arcángel una vez más, esta vez con el encanto que el sol poniente agrega a todo paisaje. Uno puede sentarse en una de las bancas que la plaza ofrece al visitante para relajar los pies cansados mientras que los ojos exploran la intricada fachada que lentamente cobra vida a través de las sombras que comienzan a invadirla.

Atardecer en San Miguel de Allende
Atardecer en San Miguel de Allende

4 thoughts on “San Miguel de Allende”

  1. Te atrapa esa manera única de narrar y describir los ambientes para transportarte inmediatamente a este increíble lugar

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